Queremos juegos nuevos, pero solo confiamos en las apps clásicas

Si bien los smartphones son capaces de realizar multitud de funciones tal y como vienen de fábrica, con los usos mayoritarios ya cubiertos, no hay duda de que hay un elemento imprescindible que consigue aumentar las posibilidades casi hasta el infinito: las aplicaciones. Dentro de este elemento de software, que suele descargarse desde la Google Play Store, se encuentran las apps y los juegos. Quizá pienses que la antigüedad afecta por igual a los dos tipos, pero no es así.

Las apps amplían las opciones del teléfono en cualquier ámbito; los juegos se imitan a ofrecer una manera de entretenerse. En ambos terrenos tan diferenciados existen clásicos o aplicaciones que todos conocemos y que se convierten en una descarga casi obligada. Pero, a la hora de desarrollar nuevo software, no existe la misma aceptación para un tipo de aplicaciones que para el otro.

Basta con analizar las listas de las aplicaciones más populares, junto a su volumen de descargas, para encontrar una conclusión muy clara: resulta mucho más sencillo obtener éxito desarrollando un nuevo juego que una nueva app.

Parece que en cuestión de apps está casi todo inventado: las más populares son las más clásicas

Analizando los tops de descargas para las aplicaciones se aprecia en los primeros puestos el peso de los todopoderosos. WhatsApp, Facebook, Instagram, Netflix, HBO… Son servicios y aplicaciones que conocemos todos y en los que apenas existe margen de sorpresa.

Resulta tan complicado innovar en términos de app que lo más habitual entre las novedades es la clonación de las opciones, funcionamiento o estilo de uso de software anterior. Multitud de aplicaciones de mensajería que intentan competir con WhatsApp o Telegram, redes sociales similares a Twitter o Instagram, aplicaciones de batería que son clones de apps que ya teníamos hace más de cinco años
Bucear en la lista de novedades en términos de apps supone descubrir una y otra vez lo ya visto. Y claro, con esa monotonía resulta tan difícil captar la descarga que siempre se la llevan aplicaciones que son conocidas por todos. Al fin y al cabo todos tendemos a instalar las mismas aplicaciones, apps que cumplen de sobra con lo que necesitamos en el teléfono; por lo que cuesta salir de la zona de confort para arriesgar el tiempo con software nuevo.
Las listas de éxitos en juegos se renuevan constantemente con nuevos títulos pese a que el estilo no cambie en exceso.

Si las apps clásicas son las que retienen la mayor atención en términos de software con mayores capacidades para los móviles, ocurre todo lo contrario cuando saltamos a los juegos ya que aquí prima de manera notable la novedad. Las listas de juegos están llenas de aplicaciones con millones de descargas y que no tienen ni meses de antigüedad; renovándose con notable frecuencia.

Los juegos clásicos lo tienen mucho más difícil para mantener la hegemonía ya que deben esforzarse en mantener la atención con novedades y actualización de sus funciones. Y tienden a “quemar” su mecánica con el tiempo, algo que sufren colosos como Angry Birds, Candy Crush, Subway Surfers y otros títulos clave en móviles. Eso sí, no han caído en desgracia por más que las novedades les coman terreno: siempre habrá una legión de incondicionales que seguirá descargando dichos juegos en sus smartphones. Pero son muchísimo menos fieles que en el caso de las apps.

El freemium ha ganado la batalla, la gestión de recursos es mandatorio, lo casual triunfa con soltura ante cualquier otro estilo de juego. Aun así, la renovación en los juegos más populares es frenética. A esto también influye la facilidad de ganar dinero con los micropagos: los juegos estimulan mucho más el gasto que las apps, una razón de peso para que haya muchísima más inversión en el software de entretenimiento.

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