El ‘tercer género’ en México: MUXES

No son hombres, no son mujeres, son muxes. Se cree que el término es una derivación de los zapotecas para el castellano “mujer”, y describe el tercer género, que durante siglos ha distinguido la diversidad social, sexual y de género en el istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, México.

Se cree que desde la época precolombina, los zapotecas utilizan el término para dirigirse a las personas que nacen hombres pero que no se sienten identificados con su género. Por lo que a su madurez adoptan uno nuevo, mucho más semejante al femenino, pero que no se considera completamente como este. Así son los muxes, vestidos como mujeres, biológicamente hombres y con un lugar de reconocimiento en la familia.

De acuerdo a la tradición, las personas muxes se consideran “el mejor de los hijos” ya que el hijo muxe generalmente no abandona a sus padres ancianos, sino que los acompaña en la vejez y las enfermedades. Esto tiene ciertas implicaciones sociales, ya que algunos consideran que es complicado para el género contraer matrimonio y alejarse de la familia; la mayoría aunque haya conseguido pareja, regresa finalmente a casa por alguna separación o cuando quedan viudos.

Esto no ha evitado que se hayan ganado un lugar de respeto en su comunidad, asentada específicamente en el distrito de Juchitán, en Oaxaca. Allí, aún están vivas las tradiciones de la antigua civilización de los zapotecas, quienes desde antes de la colonización hispana ya demostraban aceptación al género, destacando que históricamente el sistema social era similar al matriarcado, donde la mujer tomaba las decisiones referentes al comercio y la economía. Por lo tanto, la figura no se considera como algo reciente.

A pesar de no considerarse como tales, algunos muxes adquieren las responsabilidades de las mujeres en el hogar, como cocinar y bordar; además, llevan vestidos, se peinan y maquillan de igual manera. Los trajes comúnmente utilizados son los tehuanas bordados, típicos trajes de origen mexicano.

Según la referencia histórica, algunos muxes se encargaban de dar iniciación a los jóvenes varones en la vida sexual, ya que las mujeres no podían perder su virginidad antes del matrimonio. Al igual que esta creencia, también se afirma que si las madres notaban ciertas características en sus hijos varones con tendencias hacia el sexo femenino, les promovían comportamientos socialmente atribuidos a las niñas, para que se convirtieran en muxes, incluso desde su corta edad.

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