Artista que plasmó a Zapata afirma que no ofrecerá disculpas

Un día antes del acuerdo entre autoridades culturales y descendientes de Emiliano Zapata –el pasado miércoles–, el artista Fabián Cháirez, aseguró en entrevista que no tiene planeado, ni por asomo, ofrecer una disculpa. Quienes se la solicitan a gritos, a golpes incluso, pueden seguir esperando.

Eso no va a pasar y, pues, más bien, la pregunta es: ¿cuál es el insulto?”, zanjó sobre la petición pública de algunos miembros de la familia Zapata y organizaciones como el Frente Auténtico del Campo (FAC), que el pasado martes irrumpió en Bellas Artes para exigir retirar su obra.

En los últimos días, su pintura La Revolución ha pasado a formar parte, de facto, de esa estirpe de obras artísticas que tocan una fibra tan sensible que, para algunos, merece incluso llegar a la violencia física con tal de censurarlas.

Con su Emiliano Zapata desnudo, de sombrero rosa y tacones, montado en un corcel blanco con el miembro erecto, lo mismo ha despertado defensas férreas de la libertad de expresión y la diversidad sexual, que una llana y rotunda homofobia.

“Es lamentable. La violencia nunca es una salida y el diálogo siempre va a ser la mejor opción”, dijo tajante sobre las agresiones que activistas de la comunidad LGBT+ sufrieron ese 10 de diciembre en el Palacio de Bellas Artes.

Para Jorge Zapata González, uno de los nietos del Caudillo del Sur, quien no participó del acuerdo, su familiar “era un hombre de adeveras, no un gay”; y, de acuerdo con el dirigente campesino Álvaro López Ríos, quien inició las agresiones en Bellas Artes, el problema con la pintura es que el personaje fue pintado “con cuerpo de mujer y con zapatillas de mujer”.

Cháirez tiene claro el objetivo de su obra: “Presentar una alternativa a la masculinidad, una masculinidad diferente a la que estamos acostumbrados a ver en las representaciones”.

Pintada en el 2014, la obra ya había sido expuesta en la Galería José María Velasco; además, una versión mural se encuentra también desde hace años en el Salón Marrakech, uno de los establecimientos señeros de la noche gay en la Ciudad de México.

Llevar esta representación alternativa del héroe al Palacio de Bellas Artes, como parte de la exposición Emiliano Zapata después de Zapata, resultó demasiado para algunos. Cháirez defiende, no obstante, que el Caudillo no le pertenece a nadie.

“Este personaje es una imagen pública, entonces no hay un dueño de la imagen; eso abre la posibilidad de que creadores, que otras personas puedan hacer sus propias interpretaciones”, esgrime.

También un día antes del acuerdo, Luis Vargas Santiago, curador de la muestra, aseguró que no imaginó que la obra fuera a causar las reacciones que ha suscitado, algo análogo, estima, a la Virgen de Guadalupe con rostro de Marilyn Monroe de Rolando de la Rosa, o el Simón Bolívar travestido de Juan Domingo Dávila.

“Pero eso, justo, son cosas que pasaron hace 20 y 30 años, en el 2019 no me lo esperaba, pero, por otro lado, ahora que ocurre, yo lo leo a la par de lo polarizado que está el País”, reflexionó.

La exposición, declaró, muestra cómo la figura de Zapata, tras la Revolución, ha sido apropiada y reutilizada por movimientos como el estudiantil del 68, el chicano y, desde luego, el de la diversidad sexual.

El miércoles, en la manifestación que integrantes de la comunidad LGBT+ organizaron en el Palacio de Bellas Artes para solidarizarse con Cháirez y denunciar la homofobia, un activista lo dejó claro.

“Están normalizando que a los femeninos, que a los afeminados, se nos trate así”, denunció uno de los manifestantes al micrófono. “Nuestro estandarte será Zapata con zapatillas”.

La asociación civil Altarte convocó hoy a una concentración en la explanada del Palacio de Bellas Artes en apoyo a Cháirez, a la libertad de expresión y a los derechos culturales de la comunidad LGBT+.

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